Mi primer bolo: Slime #3
Go Slimey Go! es el nuevo juego desarrollado por Tembac, Chabbie, Joaquín Calvo y Toni Leys (sin dudas un dream team del desarrollo argentino) que salió el 9 diciembre del 2025. Disponible para PC (y esperemos que para más plataformas) lo jugamos completo y te traemos unas «sensaciones».
Che, antes de arrancar con la lectura yo que vos te recomiendo que te pongas este temón de fondo. No es de las bellezas que se mandó Toni Leys en este juego, pero te prometo que suma a la experiencia.

Qué te voy a contar de Go Slimey Go! que no se haya resumido en un tuit desde que salieron las primeras demos: está buenísimo, vayan a jugarlo.
[SECUENCIA DE CRÉDITOS]
Bueno está bien, podríamos agregar que es un plataformero con estilo pixelart y un diseño de niveles que, para quienes ya vamos a hacernos chequeos anuales como parada obligatoria, nos recordarán a juegos como Sonic, por sus escenarios y música, y a un Cool Spot en sus mecánicas. Básicamente cualquier plataformero de SEGA y lo digo a propósito porque si bien MARIO es el rey del género de plataformas, la propuesta se acerca más a la gran S que a la gran N.
No te voy a dar más vueltas, es recomendadísimo el juego, ya lo dije. Yo de lo que te vengo a hablar es de la “historia” en los videojuegos, y digo “historia” en lugar de “narrativa” porque sé que hay más de uno por ahí que habla como si fueran la misma cosa, y no quiero ser yo el que lo diga, pero no.

Me atrevería a decir que el pequeño Slime que encarnamos no es el protagonista del juego. Claro, para nosotros, efectivamente lo es, sin embargo, seguime en esta… Es muy habitual en este mundo más bien de corte “privado” e individualista escuchar que es deseable que seamos “el protagonista de nuestra propia vida” algo que tiene sentido, no lo voy a negar. En tanto que en nosotres está puesta toda la subjetividad, nos es imposible vivir la experiencia por fuera nuestro, lo otro pasó de ser un misterio a algo casi ajeno. Sin embargo todo el tiempo consumimos narrativas donde no somos el protagonista, no somos Harry Potter, no somos Samus, pero al conocer sus historias buscamos hacer una trampita, buscamos sentir propia la experiencia. En definitiva Harry no existe, quién siente la emoción de haber recibido la carta somos nosotres. Es un juego donde intercambiamos lugares, Samus se corre un poco y me deja disparar con precisión para acabar con el enemigo, la emoción que nace en mis dedos llega hasta las palpitaciones cuando doy el disparo final. Pero el dispositivo es el mismo, yo no controlo al Goomba del nivel 1-1 de Mario, yo controlo a MARIO.
Ahí es donde Go Slimey Go! mira todo esto, se ríe en la cara de Foucault y nos propone algo distinto. El juego está dividido en diferentes niveles, nuevamente, característicos de su género, “el mundo de lava”, “el de hielo”, los primeros de praderas hasta los más desafiantes con sierras y estilo industrial, en los cuales nosotres, un pequeño Slime, debemos atravesar para llegar a la casa de sus otros amigos Slime que lo esperan para tomarse unos buenos matecitos. Pasando por plataformas, lagos, pinchos y enemigos a los que no podemos matar, sino que sólo podemos saltarlos (mecánica que puede tanto dificultarnos el camino, como usarse a nuestro favor). No puedo saltarles en la cabeza y acabar con ellos como en Sonic, ¿por qué?. Claramente es una decisión de gameplay, pero también tiene su “historia”.

Lo que no te dice en ningún momento el juego, al menos no explícitamente, es que esta, no es nuestra historia, no venimos a salvar ningún reino, rescatar a una princesa, o destruir la máquina del Dr Malvadisísimo. Pero eso no quiere decir que no haya nadie que no esté en esa.
Go Slimey Go! plantea un mundo en disputa, un noble caballero que debe derrotar al malvado enemigo para liberar estas tierras y en el proceso debe eliminar secuaces y esquivar trampas, atravesar las mismas plataformas que yo, los mismos mundos, niveles y caminos hasta llegar al último para tener su batalla contra el Boss Final. Y en el medio estamos nosotros.
La historia nos pasa por al lado, a duras penas y prestando atención veremos pequeños rastros y algunos momentos del protagonista en su lucha por rescatar el reino, nosotros sólo queremos llegar a casa. Dicen que la historia suele ser contada desde la perspectiva de los reyes y gobernantes, poco se habla de las miles de millones de personas que atraviesan el día a día y que son quienes efectivamente movilizan los cambios. Somos solamente un hombre que fue a comprar pan en la esquina y le pasó por al lado Spider Man persiguiendo al Dr Octopus, los vemos alejarse entre los edificios mientras buscamos el ticket de la bolsa.

Ya sé lo que me van a decir: pero Botti, entonces el protagonista sos vos. Que el caballero tenga otra historia no hace al protagonismo porque como dijiste, la subjetividad es nuestra. Claro, lo que estás diciendo es que la historia la escriben los ganadores, o el que haga mejor marketing o el que sea el dueño de la pelota. Lo que en realidad estoy tratando de decir, es que quizás no hace falta que seamos protagonistas, pero sí es inevitable que seamos parte de la historia, por más chiquita que sea.

Go Slimey Go! nos propone introducirnos en un juego donde la epicidad pasa por el costado. En un medio donde podemos encarnar las fantasías de poder más increíbles, el juego opta por despojarse de lo que se supone que es “deseable”. En un mundo donde impera la megalomanía, los mesías y se buscan los relatos épicos para justificar únicamente un mundo lleno de desigualdad, guerras, injusticias y pobreza. Nosotros hacemos lo que podemos, tenemos nuestras propias batallas (tras otras), no queremos matar a nadie, solamente queremos tomar unos mates con nuestros amigos.


